Publicado en pizcas literarias

«25»

—Abuelo, ¿qué harías si volvieses a tener 25 años? —la pequeña había mezclado su candor en la cucharilla.

—Los tengo.

—Sí, tres veces. Tienes 75 —¡qué chiquilla!

—Llevo puesto lo mejor de mis 25: conocer a tu abuela y labrar con ella la tierra donde tus padres te sembraron.

—Te quiero, Abuelo. Tus arrugas siempre me sonríen.

—:-)

—:-):-)

                                                                                

Anuncios
Publicado en conversación dentro de una fotografía

Café con leche… y cruasán

Cinamon_tea:

Cuentan los sabios que los aromas son los mejores impulsores de esa sustancia que despierta nuestros recuerdos (con permiso de la fotografía, of course).

Y tienen razón. Además lo hacen de sopetón. Sin avisar. Sin receta, ni nada. Vas así tan tranquilo por la vida, pensando en tus cosas (que si Mercadona, que si la tintorería) y, zas, el olorcillo de un café con leche recién preparado y de una bollería aún caliente, te transporta a aquel desayuno, cuando aún era de noche (¿te acuerdas?) en una cafetería de las proximidades de la Calle Mayor de Madrid.

Sí, Nita, sí. Acuérdate que hacía mucho, mucho frío. Que fue traspasar la puerta y adentrarte en otro mundo, que te sacaste la bufanda y los guantes, que buscaste la cámara en el fondo de esos bolsillos inmensos que te gusta llevar y donde lo pierdes todo, y que sacaste esta fotografía.

Y, sí, que pediste un café con leche (muy caliente, por favor) y un cruasán (que te supo a gloria).

Pues eso.

Que cuando paso cerca de una cafetería-panadería que hay cerca de casa, si cierro los ojos, puedo volver a aquel lugar.

Sin frío.

Sin oscuridad.

Contigo.

Buenos días.

Scrivivente:

¡Café con leche… y cruasán!… Café&con&leche y cruasán… Café&leche y cruasán… Cafeche y cruasán… Cafechesán… mmm.

El cruasán espera tranquilo en el platito adyacente de loza blanca.

Nos acaricia el oído el tamborileo coral de platitos y tazas sobre la barra del bar, con nuestras tazas humeantes haciendo de soprano y tenor.

El azúcar se deja sumergir en los dos diminutos volcanes de paredes blancas y suena el campanilleo de las cucharillas como la impensable melodía de las cuerdas de una orquesta en el minuto de la afinación.

El vapor danzante de nuestras tazas se mezcla ante nuestros ojos, entornados por el frío aún no vencido del todo.

Los cruasanes van a tomar su primer baño. Ellos son los primeros en beber.

Poco después, gentilmente, nos hacen partícipes del calorcico milagroso.

El frío ha sido persuadido.

Contigo.

Cinamon_tea:

Eso mismo, pero tú lo cuentas mejor.

Scrivivente:

Lo hemos contado a cuatro manos y dos corazones.

                                                      Cinamon Scriv firma

la sillita lápices

La “rescatadora de instantes” nos invita hoy a dialogar usando tres sentidos comunes, muy comunes: el oído, el olfato y el gusto. Los sonidos del café, su fragancia y su sabor han quedado unidos en una sola realidad: el calor suave del café matinal y su nube evanescente que se queda prendida en la bóveda del paladar acogedor.

Cinamon_tea es Ana Navarro, escritora y fotógrafa, ambas pasiones vividas con corazón de aprendiz y delicadeza profesional.

Publicado en conversación dentro de una fotografía

A cuatro manos

Cinamon_tea:

Y si el hombre domina el hierro y lo doblega para adornar con zarcillos una reja ¿por qué no va a poder el árbol jugar a revolver sus ramas sobre sí mismas para enlazarse con el metal?

Buenos días.

Scrivivente:

Mi propio hermano me abrió los ojos mientras ambos estudiábamos nocturnos —él, Anatomía y yo, “griego aplicado”… a las mates—. Me contagió su propio asombro ante la belleza de las manos humanas: su perfecta estructura, su armoniosa sinfonía de articulaciones, nervios, falanges y gestos.

Yo creo que las manos son en nuestro cuerpo como las puntillas del pañito de una de las fotos pretéritas que hemos degustado. Quizá es una manía personal, pero veo las manos como el “acabado final” de nuestro cuerpo, las últimas pinceladas del Amor de Dios en el dibujo, las últimas notas que corrige el Compositor.

Sean delicadas o rugosas, cuidadas o “abandonadicas”, las manos son una obra de arte, no sólo por ellas mismas sino por lo que hacen. Las manos son humildes: siempre piden ayuda para mover el mundo. En esta danza de forja y lianas se adivinan las manos discretas que han trabajado. El orfebre de la fragua, el jardinero y el albañil han trabajado juntos sin saberlo. Y, por último, Cinamon_tea, tus manos artesanas, que han acariciado el clic de la máquina de fotos, cuando tus párpados veloces han hecho de bandera de inicio, como en las carreras.

La levísima brisa de tus pestañas, por cierto, se ha quedado a vivir entre las hojas de la enredadera. Las noto moverse yo mismo cuando parpadeo.

Las ramas son donantes de brisa para las volutas de forja. Y la reja ofrece a las ramas amparo y estabilidad. La foto es un canto a la armonía entre ramas y zarcillos de forja, entre las manos de Dios y las nuestras, entre Sus obras y las nuestras.

Me siguen encantando las manos humanas. Aún más y mejor desde que miro a tu ventana.

                                                         Cinamon Scriv firma

la sillita lápices

Decir Cinamon_tea es decir Ana Navarro, escritora y fotógrafa, ambas pasiones vividas con corazón de aprendiz y delicadeza profesional. En cuanto al arte fotográfico, Ana se presenta a sí misma como “rescatadora de instantes”. En lo referente a la literatura, a veces su pluma sigue la huella de las imágenes captadas por su cámara; otras veces su mirada encuentra imagen para palabras previas.

Conversación dentro de una fotografía es, para nosotros, una forma nueva de “conversar” y una forma nueva de “escribir”, fruto de un diálogo entre dos plumas y una cámara: Cinamon_tea y Scrivivente. Coescribir es un convivir de almas. Es hermoso.

Publicado en conversación dentro de una fotografía

Entre piedra y “tul”

Cinamon_tea:

Muros de piedra, vanos estrechos, luz matizada.

En la oscuridad de la ermita un rayo de sol, tenaz y caprichoso, se empeña en colarse (aunque sea un poquito) para resaltar la piedra y los años.

La ventana, con arco apuntado, es gótica.

Las telarañas no. Estas son de este siglo.

Pues eso, que el tiempo pasa y, si no se limpia, se nota más.

Scrivivente:

Las telarañas parecen “presas del sol”, que las delata.

Pero también son “presas de sol”. Jugando a capturar sus rayos, le ayudan humildes a ser reconocido.

Gracias, Cinamon_tea, por invitarnos a columpiar nuestros ojos en dos siglos a la vez: escalando góticamente los sillares hasta el Cielo, y soplando con las pestañas para mover los leves toldos de este siglo.

¡Un beso de ahora mismo!

                                                               Cinamon Scriv firma

la sillita lápices

Decir Cinamon_tea es decir Ana Navarro, escritora y fotógrafa, ambas pasiones vividas con corazón de aprendiz y delicadeza profesional. En cuanto al arte fotográfico, Ana se presenta a sí misma como “rescatadora de instantes”. En lo referente a la literatura, a veces su pluma sigue la huella de las imágenes captadas por su cámara; otras veces su mirada encuentra imagen para palabras previas.

Conversación dentro de una fotografía es, para nosotros, una forma nueva de “conversar” y una forma nueva de “escribir”, fruto de un diálogo entre dos plumas y una cámara. Coescribir es un convivir de almas. Es hermoso.

La fotografía en la que hemos conversado Cinamon_tea y Scrivivente nos sugiere una pregunta: ¿dónde estamos conversando, apoyados en los sillares o columpiándonos en los “tules”? La imaginación tiene la respuesta: en ambos reinos.  La imaginación nos habilita para vivir esa misteriosa ubicuidad de los niños, que pueden navegar, a la vez, en la realidad y en los sueños.

Publicado en conversación dentro de una fotografía

Como en casa

Cinamon_tea:

Desde luego podríamos decir muchas cosas de los habitantes de esta casa si los conociéramos (que no los conocemos), lo que no les podemos negar es que piensan en los demás.

Me explico. Compran la casa (deducción o invención mía). La reforman y deciden que esa puerta a la calle no les gusta nada, les resulta incómoda o molesta, vaya usted a saber. Hay que eliminarla. Tapiarla. Cerrarla. Acabar con ella. Relegarla al olvido.

No.

Tampoco molesta tanto, recurrimos al plan B: cerrar el hueco por dentro, sellar por fuera (respetando la estética derivada de la función original o primigenia -mira que ha quedado bonica esta frase-), pintar de un color vivo, colocar unas macetas vistosas y… ¡Hecho!

Casa rehabilitada, modelo respetado, calle decorada y vecinos y transeúntes tan contentos de poder dedicarle unos momentos a mirar el resultado.

Que sí, que igual van a seguir con el cotilleo sobre los nuevos propietarios, que tampoco tenían por qué darle la vuelta a toda la casa, que parece que a estos jóvenes no les gusta nada de lo que hay, que qué necesidad había de poner un jacuzzi en el corral, como si no tuvieran bastante con la bañera de toda la vida, que si…

Que sí, que han tenido un detalle muy de agradecer alegrándonos la vista.

Buenos días.

Scrivivente:

Mientras subíamos la cuesta de izquierda a derecha te he estado escuchando atento, Cinamon_tea. Estás más joven que yo y puedes hablar mientras escalamos. Y aprendo de ti mientras respiro.

Nos hemos detenido, finalmente, ante el peculiar paisaje que ensambla naturaleza y mano del hombre.

Sé que mis palabras no te distraen cuando te entregas a afinar lentes y luces. Te hablo mientras preparas el click de la cámara. Mis ojos se entretienen en la aseada mampostería.

Una gaveta de yeso amasado para enlucir y una fuente de merengue tienen en común algo más que la blanca y cremosa textura del contenido. Ambos, además, prometen “dulzura”. Ambos contienen poesía. Sí, en el arte de la albañilería también hay poesía. Nos lo dice esta pared, traducida por tu cámara. Mueve rima consonante el conjunto.

No se aprecia en la parte superior de la mampostería la inevitable frontera de color entre obra vieja y nueva, entre argamasa de ayer y de hoy. El ventanuco de arriba, pues, no parece incrustado después. Los antiguos moradores usaron lo que tenían a mano, encomendando al ventanuco una doble misión: escotilla para que el sol se asome dentro y ancha “mirilla” para la puerta, aunque debieran usar taburete castellano para izarse a mirar.

Los nuevos propietarios, concuerdo contigo, han hecho de su reforma una simpática invitación de acogida. El posible jacuzzi pronosticado por algunos estará siempre listo para el descanso de las articulaciones vecinas. Pero el sabor de la hospitalidad lo ofrece, precisamente, todo el conjunto de esta minimaqueta de Petra.

Dos son las cuestas que se dejan ver en la fachada. Una es la que sugiere la misma calle. La otra está escondida entre las macetas vistosas. Nada más llegar al límite derecho de la otrora puerta, las macetas indican un “recodo” para nuestros ojos. ¡Media vuelta! Las macetas ofrecen su clorofila en ascenso hacia la izquierda.

Quizá los nuevos moradores no se han dado cuenta de su propio mensaje, pero las macetas ascendentes nos dicen que llega un momento en la vida en que se hace dulce subir la cuesta. Nuestros ojos, cansados antes de recorrer piedra tras piedra, son ahora como “ardillas” que pueden cruzar sin poner pie en el suelo. Es el vigor que dan juntas la esperanza y la experiencia. Es el vigor nuevo que te mueve a ti, Cinamon_tea y que me contagia tu cámara.

En estos minutos de quietud ante la puerta, nuestro olfato ha “escuchado” el aroma de la colina de merengue recién hecho. Sólo quien atiende con la pituitaria en blanco puede percibir y reconocer el sabor que se le va a ofrecer en breve. Mirando los dos a la vez por el visor de la cámara hemos confirmado que no estamos ante una puerta tapiada con prisas, sino ante la portada de un libro que se abre sin prisa.

Sí, son buenos días. Ahora, mejores.

Cinamon_tea:

Cuando la juventud no está en las piernas sino en el pensamiento el ascenso por esas cuestas que trama nuestra imaginación es más leve. Sí, Scrivivente, huele a merengue y a bizcocho, y huele a leña y café de olla, de los de antes, de los de pueblo. Y vemos (porque tú y yo los vemos) a esa pareja empeñada en mezclar tradición y modernidad. Y escuchamos el crepitar de la leña que acompaña un chelo que, muy tenuemente, desgrana una de las Variaciones Goldberg. Y la boca se nos hace agua imaginando los sabores de esa cocina. Y, por fin, alargamos la mano y acariciamos la rugosidad de la piedra con la punta de los dedos. Muy suavemente.

Y, ahora sí, hemos puesto nuestros cinco sentidos a trabajar para “sentir” el momento atrapado por la fotografía y recreado por nuestra imaginación.

Un abrazo.

Y te deseo mejor noche que el día, suponiendo que éste ha sido magnifico, Scrivivente.

Scrivivente:

Aún es posible que sea mejor, mi hermana Cinamon_tea. Cuando lo es para ti, lo es para mí. Somos imaginaciones comunicantes. Me encanta sumergirme en tus fotos.                                                                                                                                                                                                               Cinamon Scriv firma

la sillita lápices

Decir Cinamon_tea es decir Ana Navarro, escritora y fotógrafa, ambas pasiones vividas con corazón de aprendiz y delicadeza profesional. En cuanto al arte fotográfico, Ana se presenta a sí misma como “rescatadora de instantes”. En lo referente a la literatura, a veces su pluma sigue la huella de las imágenes captadas por su cámara; otras veces su mirada encuentra imagen para palabras previas.

«Nada se crea ni se destruye, sólo se transforma». El entrañable “primer principio de la Termodinámica” es verso perfecto para dos apuntes siameses que Cinamon_tea y Scrivivente queremos ofrecer. Por una parte, aventar ese engañoso muro de papel que es la frontera entre los clichés “soy de Letras” y “soy de Ciencias”. Y por otra, expresar que somos conscientes de no inventar nada. Conversación dentro de una fotografía es, para nosotros, una forma nueva de “conversar” y una forma nueva de “escribir”, fruto de un diálogo entre dos plumas y una cámara: Cinamon_tea y Scrivivente. Coescribir es un convivir de almas. Es hermoso.

Publicado en conversación dentro de una fotografía

Marea

“Paso Combarro” – 01.06.02

Cinamon_tea:

Son los delirios.

Las metas que no podemos alcanzar.

Los esfuerzos sin premio.

Es bregar contra elementos, obstáculos y molinos de viento.

Perseguir un imposible.

Es desviarnos, perder de vista el objetivo, consumir energía inútilmente. El desgaste.

Y es cansarnos.

Y es rendirnos.

Y es, después de todo lo anterior, con el olor de la derrota en la piel, darnos cuenta que, posiblemente, lo único que habríamos tenido que hacer era esperar que subiera la marea y navegar hacia dónde nos llevara el viento.

Buenos días.

Scrivivente:

¡Me encanta esta imagen “madre”, Cinamon_tea! Me encanta sentar la mirada al lado de la tuya, a babor del “Paso Combarro”, en el lado izquierdo. Aunque la barca no puede volcar, no está de más el equilibrio.

Esto es lo que tricotamos juntos:

«Pero la marea llega, puntual, saciando sin prisa las arrugas de arena seca y los ensambles sedientos del “Paso Combarro”.

Y la imposible navegación comienza cuando la marea nos confía su brújula, cuya aguja magnética temblequea expectante, arrullada por la banda sonora del oleaje bajito.

Y el Mare Nostrum se hace ribera. Y nos habla de los cien pueblos que se desgastaron sin premio. Y su espuma nos dice que no hemos esperado en vano, porque desesperar es esperar en voz alta. Y nos dice que la barca también flota en la arena, en la espera, en el cansancio.

Y nos revela que la marea no ha venido “porque sí”. Alguien —dice— la ha convocado con su anhelo.

Ya es de día. Y es buen día. Ya lo era. Ahora más».

Cinamon_tea:

Las mareas que nos llevan, que nos traen, que nos mueven a su antojo. Gracias, Scrivivente.

Estrenamos aquí y así una forma nueva de “conversar” y una forma nueva de “escribir”. No es simplemente comentar juntos una foto. Es, más bien, conversar dentro de ella.

Decir Cinamon_tea es decir Ana Navarro, escritora y fotógrafa, ambas pasiones vividas con corazón de aprendiz y delicadeza profesional. En cuanto al arte fotográfico, Ana se presenta a sí misma como “rescatadora de instantes”. En lo referente a la literatura, a veces su pluma sigue la huella de las imágenes captadas por su cámara; otras veces su mirada encuentra imagen para palabras previas.

Nace así y aquí, al compás de la marea, «Conversación dentro de una fotografía», fruto de un diálogo entre dos plumas y una cámara: Cinamon_tea y Scrivivente. Coescribir es un convivir de almas. Es hermoso.

Publicado en relato breve

“Tablas” de salvación

Miré a los ojos al recién llegado.

—Hermano, ¿puede dedicarme unos minutos? ¿Puede escucharme? Tengo miedo, tengo miedos —destiló con prisa.

Avanzó mi respuesta el abrazo de bienvenida.

Una vez sentados en la salita se quedó mirando el tablero de ajedrez. Una chispa de gozo traicionó su angustia. Le pregunté con un gesto si se animaba a una partida. Asintió.

—Parece que mi rey se va quedando a merced de sus huestes, hermano —sonrió al cabo de un rato con insólito alivio.

Su rey blanco se encontraba rodeado por tres peones negros. Movían blancas.

—Este tablero semeja mi propia vida —pensó en voz alta—. Muchos pequeños peligros… No puedo mover. Si me acerco a cualquiera de sus peones, “jaque mate”. Su rey acecha, hermano.

—Estamos en lo que se llama “tablas por rey ahogado” —le sonreí.

—¡Es verdad! —afinó la vista sobre el tablero intuyendo una luz.

Tomó los tres peones de ébano en la mano y los fue moviendo hasta ensamblarlos entre sí con delicadeza, como sorprendentes piezas de un diminuto “machihembrado”.

—¿Sabe, hermano? Creo que mis miedos, como los peones negros, son sólo pequeñas esculturas. Aunque el rey caiga, el ajedrecista sigue viviendo.

—Los peones, los miedos, amigo mío, son como pequeños maderos con los que el náufrago puede dejar de serlo, construyendo una barca nueva. Sí, amigo mío, los miedos son lecciones de vida, son semillas de valentía.

Al decirle adiós en la puerta envolví con mis manos las suyas con los tres peones dentro. La partida no había terminado.

Nota:

En ajedrez, el ahogado es una situación que se produce cuando el jugador de quien es el turno no tiene jugadas legales para realizar y el rey no se encuentra en estado de jaque. Es decir, el rey no puede moverse a otras casillas porque quedaría en posición de jaque o porque están ocupadas por piezas propias o piezas ajenas que están defendidas, y además el jugador no tiene otras piezas que puedan moverse o capturar a piezas adversarias. A esto también se le conoce como tablas por rey ahogado.

Enlace: Tablas por “rey ahogado” (Wikipedia)

Publicado en relato breve

Niño de brasa y hielo

Cuentan que una noche de verano mucha gente se fue reuniendo en la ladera de una colina en las estribaciones de Sierra Nevada. Una insólita lluvia de meteoritos había comenzado a convertir el cielo nazarí azul turquesa en un inmenso fondo de belén, aunque era todavía septiembre.

De una de las estrellas fugaces saltó una brasa aventurera, que vino a sembrar de fuego una pequeña porción de nieve-hielo. El fuego y el hielo esculpieron juntos una hermosa figura de diseño tan caprichosamente bello como incalificable. 

En uno de los barrios más pobres de Granada una familia luchaba en ese mismo instante por conservar la calma. Manuel, el pequeño de 5 años, no estaba en casa. Lejos del ánimo de Justino y María estaba la algazara general por la lluvia de meteoritos. En la vida de los Lopesánchez no cabían lujos intelectuales, y menos cuando la vida de su hijo estaba en riesgo.

Salieron a buscarlo con el corazón en vilo, preguntando aquí y allá. Avisadas la Policía local y la Benemérita, la batida llegó a la zona poblada de amigos de los meteoritos. De inmediato las gentes dejaron de mirar al cielo, para buscar a ras de suelo al pequeño ángel de 5 años extraviado.

Dicen que en Sierra Nevada el hielo es un ser vivo, con alma blanca dormida que se despierta cuando es requerida su ayuda.

En un pequeño ribazo de cierta colina, el hielo escuchó la angustia de las gentes, y se dio cuenta de que muy cerca de su figura de caprichoso y abstracto diseño temblaba de pies a cabeza, de frío y miedo, un niño moreno.

El hielo miró al niño y brilló para él con ternura. El pequeño devolvió la mirada y sonrió. Una extraña brasa de fuego joven acarició la superficie del hielo y fue esculpiendo las facciones del niño aterido. Después, la Luna emergió de entre las nubes y brilló convocante. Como si de un equipo de estrellas de Navidad se tratase, los meteoritos regresaron juntos, señalando con desmesura la ubicación del hielo esculpido y del pequeño extraviado.

Muy pronto llegaron los rescatadores. Manuel estaba a salvo. Al llegar al ribazo, le vieron abrazado a una enorme masa de hielo que goteaba sin freno. La ternura estaba derritiéndolo, y el hielo se dejaba derretir por amor al niño. Le había salvado la vida dándole su vida blanca.

Tiempo después, cuando ya había pasado la temporada de meteoritos, una estrella fugaz fue convocada por la Luna. De su estela se desprendió una brasa aventurera que acertó a sumergirse escultora en una masa de hielo informe.

Los que por allí pasan difícilmente reconocen la enorme figura de un niño despierto en hielo. Sólo deteniendo el coche y mirando con ojos de soñador es posible reconocer el ángulo preciso en el que el niño de hielo te mira y sonríe. 

Dicen que en Sierra Nevada el hielo es un ser vivo. Yo lo sé. Me llamo Manuel.

scrivivente firma trans grande 222

Publicado en poesía

El palillero del poeta

Como palillos en palillero
son los versos del poeta.
Emergen uno por uno, encontrada la veta,
para cobrar vida en el mar del tintero.

Los palillos son alma del árbol donante.
Del poeta, los versos, testigos de alma,
que de su anhelo concuerdan con calma
sembrar con su rima bosque nuevo pujante.

Los palillos son bailarinas
que danzan quietas, los pies en punta.

Así son los versos: palabras sin funda,
escritas en agua cristalina.

                                                          scrivivente firma trans grande 222
Publicado en relato breve

El Cocido de la Gente

 

La avalancha de nieve había dejado incomunicado el pequeño campamento turístico en el glaciar del volcán Torfajökull.

Los afamados habitantes de la ciudad de Rangárþing Ytra se dieron cuenta de que algo malo pasaba en el glaciar. Les había puesto en alerta el súbito estertor semejable a la torpe canción de una voz de barítono sin educar.

El consejo ciudadano se reunió de urgencia. Esta vez fueron omitidos los 15 minutos de retraso que acostumbran los islandeses.

El alcalde Gunnarsson invitó a poblar de ideas la aridez de la situación. Dos eran las prioridades:

—Organizar un equipo de rescate y proveer de alimento caliente a los excursionistas —sintetizó, mesándose la luenga barba cobriza.

Después de varios amagos de buena idea tomó la palabra la señora Elma Bjarnason:

—Mi madre era portuguesa, de las Azores —entornó los ojos, como mirando a un horizonte interior—. ¿Conocéis el “cozido das Furnas”?

Elma explicó con detallada brevedad la ceremonia festiva de avituallar enormes ollas con chorizo, morcilla, gallina, patata, zanahoria y col, e introducirlas en las “caldeiras” volcánicas.

—¿Y cómo hacemos llegar el cocido allá arriba, Elma? —pensó en voz alta Vigdís.

Björk, la más joven del concejo, fue la que conectó con el insólito plan de Elma:

—¡Dejemos que las calderas volcánicas se encarguen de llevar las ollas montaña arriba! Podrían estar comunicadas entre sí en el corazón de la montaña.

Así lo hicieron, pero añadiendo a las ollas el necesario cordero para que el guiso pudiera recibir el nombre autóctono “kjötsúpa”. También concordaron en agregar los ausentes garbanzos de la receta de las Azores.

Tres ollas fueron enviadas por la mejor caldera del Torfajökull, encomendándose las buenas gentes a la intuición de Jules Verne y de su “hijo” literario Otto Lidenbrock junto al vecino Sneffels. Al fin y al cabo, no se trataba de viajar al centro de la Tierra, sino de enviar un nutritivo cocido islandés a los jóvenes inmovilizados en el glaciar.

La emergencia del campamento duró bien poco, pero no así el cocido. Aprovechando la mejoría del tiempo, decenas de vecinos de Rangárþing Ytra subieron para interesarse por la salud de los estudiantes y, por añadidura, por la posible llegada de las ollas.

Así nació la peculiar tradición del “Día del Cocido Portugués”. Cada 7 de julio, bien temprano, se “encomiendan” las ollas a las calderas del amigo volcán. Y al mediodía se atiende a su llegada en la zona de recreo del glaciar. El alcalde o alcaldesa, como cabeza de la familia ciudadana, bendice las ollas y abre la primera.

Es la fiesta de Eldað Eldfjall, Cocido de Volcán, aunque ellos prefieren llamarlo Fólk Eldað, el Cocido de la Gente.

scrivivente firma trans pequeña

 

Nota: La tradición descrita en este relato breve es ficción en su resultado, no así en sus ingredientes.

Foto de portada e inspiración:

«Cómo se prepara el cocido de las calderas de Furnas» 

Autora: Cristina «Wircky», viajera y bloggera

«Los viajes de Wircky»

Wikipedia

Publicado en relato breve

El Club de los monaguillos del padre Brown (relato breve)

 

Un pequeño homenaje a Benedicto XVI, Papa emérito y “abuelo” sabio de nuestra enorme Familia, en su 65º aniversario de ordenación sacerdotal.

—¡Corre! —Soltó sin preámbulos, casi sin aliento.

El niño levantó la vista de su novela del Padre Brown. Parecióle que la frase imperativa había saltado de la página para urgirle a atender al anciano sacerdote que cruzaba con fatiga el umbral del despacho parroquial. Su rostro desencajado denotaba una gran angustia.

—¡Don Cosme! ¿Le ocurre algo? ¿Se encuentra bien?

La pregunta era sólo una parte de su desvelo por atenderle. Le hizo sentar en el sillón de veterano tapizado en skai marrón, le trajo un vaso de agua y le abanicó con la hoja parroquial. El chaval siempre estaba atento cuando la fragilidad del venerable coadjutor así lo requería.

—¿Sabes dónde está don Álvaro, Benditín? —acertó a preguntar por fin el atribulado pastor.

—Voy a buscarle en seguida, no se apure.

El diligente monaguillo no salió sin antes depositar un beso en la mano surcada de artrosis y amor a la Eucaristía. Benditín intuía que serían necesarios para la ocasión los servicios de su equipo: Mei, Olé y él mismo, monaguillos “titulares” de la parroquia, y sus mascotas respectivas “Sasha”, “Remy” y “Serafín”.

“Sasha”, un despierto labrador de 6 años era el perrito de la manresana Remei Trueta. “Remy”, hámster supersónico, era la mascota del jerezano Manolete Lucía. Y el más pequeño del club era “Serafín”, el canario de Benditín.

Benditín

El niño había hecho gala de notable puntería para venir al mundo. En la tarde del martes 19 de abril de 2005, exactamente a las seis menos diez, nacían a la vez un niño y un Papa.

A la misma hora de la fumata blanca que señalaba la elección de Benedicto XVI, venía al mundo, desde el cónclave de la familia Domuiño Mateiro, un pequeño y vivaz rapazuelo, que abrió los ojos de par en par cuando las campanas de toda Ribadavia tañían movidas por la brisa vaticana.

—El niño se ha de llamar como el nuevo Papa —ensayó la abuela Bieita.

A todos pareció oportuno el rumbo, a la espera de un predecible “Xoan Paulo”. Cuando supieron el nombre elegido empezaron las disquisiciones para encontrar un diminutivo acorde con la estatura de un niño. Beni, Bene, Beniño, Dicto, fueron descartados sucesivamente.

Al acaecer el tercer cumpleaños del rapaz, le fue regalado un alado amiguito. El canario mostró desde muy temprano una inagotable creatividad en sus trinos. Incluso aprendió a emular el sonido del teléfono, con no pocos y graciosos equívocos como fruto.

—Esto será el fin de nuestra cordura —repetía Carmiña, la mamá.

—¡Has dado en el clavo, hija! Ya tenemos nombre para el pajarillo —compuso la abuela—. “Será el fin”… Serafín… ¡Serafín!

Fue “Serafín” precisamente el encargado de acuñar el diminutivo agraciado en la enésima conversación familiar sobre el tema:

—Prrrrrriiiiiii… bdtiiiiin… bditiiiiín… prrrriiiiiit…

—¿Benditín? ¡Está diciendo Benditín! —el niño sonrió asintiendo a la entusiasta traducción de la abuela.

la sillita lápices

«Alguien muy querido para usted va a ser secuestrado en breve, y su vida peligrará. Vaya a las ruinas de la Ermita del Prado y encontrará nuevas instrucciones. No acuda a la policía…».

Álvaro tuvo que asistir a su asustado coadjutor en la lectura del inquietante mensaje, escrito con perfecta caligrafía, como de imprenta. El párroco dejó que el papel circulara por las manos de sus tres monaguillos.

—Está escrito con “rotring” y letras de molde —aseveró Mei—. Mi hermano Jordi lo usa en sus estudios de arquitectura.

—Y yo añadiría que ha sido escrito en dos momentos diferentes. Se nota porque las letras de “Vaya” son más gruesas, como con más tinta, y …

—Y ha cometío una redun… redundancia —completó Olé—. Ha repetío la palabra “instruccioneh”.

—Parece una amenaza mitad improvisada mitad calculada, ¿no os parece? Pero no podemos confiar demasiado en esa fragilidad —concluyó el cura.

El mensaje no exigía que don Cosme fuera solo, así que se presentaron los 8. El olfato de “Sasha” reconoció el olor a tinta: en un rincón de la hornacina vacía, que otrora ocupara el Sagrario, esperaba el segundo mensaje.

«El más querido es el más pequeño. El más poderoso es el más vulnerable» —leyó Mei, con “Serafín” sobre su hombro.

Olé

Esto paece máh una gymcana que una invehtigación —todos degustaron la ocurrencia de Olé.

Menudo y vivaz como su hámster, Manolete “Olé” Lucía tenía el pelo de rebelde azabache e ingenio y simpatía jerezana a raudales.

la sillita lápices

Las hiedras abrazaban con descuidada desmesura algunos de los muros incompletos de la antigua Ermita. Restos de velas consumidas daban testimonio de oraciones pretéritas. Todo el lugar inspiraba la ternura del desvalimiento, hasta el punto que daban ganas de consolar a las piedras. Como esculpiendo en voz un pensamiento coral, Mei ofreció una nueva “traducción” del mensaje inicial:

—No es una amenaza de secuestro. ¡Es una llamada de auxilio! El autor o autora quiere evitar lo que va a ocurrir aquí, pero tiene miedo de revelar más por alguna causa. Por eso escribe como en clave.

Mei

Espigada y pelirroja, Mei parecía retirarse dentro de sus gafas redondas cuando meditaba. Siempre sonreía al hablar. Una frase de Olé fue admitida por todos como el mejor retrato de su amiga:

—¡Cuando da en el clavo, a Mei se le encienden las 17 pecas de sus mofletes!

la sillita lápices

Álvaro les instó a orar unos minutos para afilar sus ojos investigadores. “Sasha”, acostumbrado a que Mei bendijera todos los días su escudilla de pienso, se sentó a un lado. “Remy” se afincó en el lomo del labrador mientras “Serafín” aferraba el palito que el can sostenía con la boca para él. Fue el hámster el que alertó a todos. Su escurridizo olfato había encontrado algo: con las patitas delanteras les traía un trozo de papel. Las pocas letras supervivientes no ofrecían duda: “San Dimas, arte..nía litúrg… Rúa Nova, 2…”.

Ya en la sacristía llegaron a un sólo sentir. “El más querido, más pequeño, más poderoso y más vulnerable” —todo a la vez— era ni más ni menos que la Eucaristía, era una Forma consagrada.

Álvaro

Álvaro Touza Brown había nacido en Buenos Aires, de padre galego y madre irlandesa. Su segundo apellido era el curioso vínculo con la afición a la lectura que había estimulado en los tres niños, especialmente los relatos del Padre Brown. El uso de sereno raciocinio para elucidar misterios y crímenes por parte del personaje del maestro Chesterton era la excusa perfecta para enseñar a sus monaguillos a pensar.

la sillita lápices

—De modo que alguien piensa robar Formas consagradas para algún siniestro propósito —resumió el párroco—. No vamos a cerrar la iglesia. La vamos a abrir de par en par para “acoger” al mensajero.

Tres días después, en su turno de adoración eucarística, Benditín reparó en un joven que miraba repetidamente su reloj de cadena. Parecía comprobar el cierre más que cerciorarse de la hora. El niño lo comentó después con todo el equipo.

—¿Te fijaste en la hora que marcaba el reloj, Benditín? —se rascó la sien Álvaro.

—Pues, ahora que lo menciona, padre, las dos veces que miré tenía la misma hora. Pensé que se le habría parado el reloj. Marcaba las 10 y 10.

—Que es la hora que marcan los relojes en la publicidad —Mei guardaba mil de esos datos en el cofre de su aguda mente.

Por eso se le debió hacé etenna la Adoración —les hizo reír Olé.

La risa feliz era el “himno” del equipo. A la de tres proclamaban el título: “¡Oleluya!”

Aquella noche, una figura vestida de negro irrumpió en el templo. La luz de su linterna inventaba sombras inéditas entre las cálidas imágenes. Se acercó al Sagrario y lo abrió fácilmente. La cajita con la llave invitaba con ingenuidad a pocos centímetros. “Demasiado fácil”, se dijo el visitante sudando pese al frío. Tomó tres Formas y las metió en la parte posterior del falso reloj. Tras dejarlo todo como estaba, salió a toda prisa.

Al doblar la esquina de la parroquia, un desigual equipo le siguió los pasos a conveniente distancia. A mitad de camino a ninguna parte el ladrón se detuvo. “No, no puedo hacerlo”, musitó vencedor en su lucha entre el miedo a los que le habían involucrado en el robo sacrílego y su propia conciencia.

Cuando se disponía a retornar a la iglesia, le asustó el crujido de hojas secas. Temiendo ser descubierto antes de devolver las Formas al Sagrario echó a correr. Su corazón batía tanto como los objetos de sus bolsillos, incluido el reloj de doble fondo. Cuando tuvo presencia de ánimo para detenerse y hacer inventario notó con angustia que el reloj se había abierto. Perdidas en la maleza estaban las tres Formas consagradas. Imposible recuperarlas. Tenía que huir.

El joven no sabía que la tarde anterior Álvaro había reservado la Eucaristía en un lugar aparte, llenando el Sagrario de Formas sin consagrar. El “Padre Brown” y sus monaguillos le alcanzaron.

—No tengas miedo. Has hecho bien en dar marcha atrás —el sacerdote miraba al joven con calma acogedora—. Ayúdanos a reparar el daño. Ven con nosotros. Vamos todos a la Ermita.

—Me llamo Dimas, padre. Gracias por perdonarme.

Cuando aquellos encapuchados empezaban a congregarse en torno al semiderruido altar a la espera de Dimas y las Formas, sonó un teléfono. Sorprendidos rompieron filas para localizar la fuente del sonido. ¡Sonaba aquí, sonaba allí, en varios lugares alternantes! De pronto, un afilado aullido vino a desesperarles aún más. Parecía la sirena de la policía. “Sasha” y “Serafín” estaban haciendo muy bien su trabajo de desinformación. Mientras tanto “Remy” emulaba al superhéroe Flash multiplicando el eco de sus pasos invisibles por la hojarasca. Cuando llegó poco después la policía los encapuchados casi se lo agradecieron.

Para completar la obra, fueron de día en busca de las tres Formas sin consagrar. “Serafín” recibió información privilegiada. Tres abejas le guiaron hasta un viejo árbol hueco. Allí, la colmena había fabricado con cera una insólita custodia para las tres Formas. Las hacendosas abejas la “donaron” a la parroquia.

El de las Formas recuperadas fue el primer caso resuelto por el “Club de los monaguillos del Padre Brown”.

A “Serafín”.

Publicado en pies de foto

A medio hacer, a medio deshacer (pies de foto)

 

El amor “a medio hacer” es amor “a medio deshacer”.
No dejes “a medio hacer” la hermosa Voluntad de Dios para ti hoy.
The love “half done” is love “half undone”.
Do not let “half done” the beautiful Will of God for you today.

Angelus

En el mundo, a cada hora en punto, siempre hay un lugar donde es la Hora del Angelus.
Around the world, at each hour o’clock, always there is a place with the Hour of Angelus.

scrivivente firma trans grande

 

tedecanelablog

La de cosas que se pueden hacer mientras disfrutas de un té de canela

lost in the village

Perderse para encontrar.

Inspirinas

El blog de Gustavo Entrala, experto en Tendencias, Innovación y Branding.

Uno más en Camboya

... aventura «microliteraria» de un monje

Elena Arnaiz Talento & Acción

Consultora de Desarrollo de Personas y RRHH | Marca Personal y empleo |Psicóloga. Te ayudo a identificar tu talento, a ponerlo en acción y a darle visibilidad para dejar huella y conseguir tus objetivos profesionales.

Pensar por libre

... aventura «microliteraria» de un monje

Multiversal

un blog de Pablo Giordano

Los viajes de Wircky

... aventura «microliteraria» de un monje

El Grafitero Metropolitano

Blog de Juan Pablo Colmenarejo sobre el Atlético de Madrid

Blog de Literatura y Comunicación de Alberto Goytre

... aventura «microliteraria» de un monje

Izquierdo Design

Creativity and sense of humor

Il Fuoco di Ars

"Adotta" spiritualmente un sacerdote e sostienilo con la tua preghiera!

El Fuego de Ars

Adopta un sacerdote espiritualmente y sostenlo con tu oración

Misión MAS

Fundación Misión, Amar y Servir

Tirarpalante

... aventura «microliteraria» de un monje

H.J. Pilgrim

... aventura «microliteraria» de un monje

criss!! ❤

Leer ayuda al corazón <3

EL BAÚL DE LAS VIDAS

DANIEL SÁNCHEZ

Lydia Miranda

princesa extraviada en la posmodernidad

Cuentos

Cuentos y ejercicios literarios

Oficio de Escritor

Ayudo a escritores a crear un modelo viable de publicación, para que su obra les permita vivir de la escritura.

18 horas

Buscando la felicidad

Om, el gnomo escritor

Relatos, Novelas, ensayos, poemas

oscargonzalezsoto

"Yo soy yo y mi opinión"

scrivivente ...

... aventura «microliteraria» de un monje

Aleteia.org | Español - valores con alma para vivir feliz

Vida de pareja, educación, psicología, espiritualidad, noticias, entretenimiento y formación católica

Los cuentos de Panapa

... aventura «microliteraria» de un monje

Arte Urbano Lanzarote

Bienvenido a mi espacio musical, en esta web podras escuchar mis canciones de rap, guitarra y otros generos, ver mis videoclips, conciertos, batallas de rap, improvisaciones y demas, a parte podras estar informado sobre mis proximos proyectos y eventos

La Casa Sosegada

meditando el Evangelio con sencillez

Pandawicked

Fotografías Convertidas en Historias.

500px:

... aventura «microliteraria» de un monje

Biblia y Comunicación

Llevando la Palabra de Dios en la cultura de la comunicación, ayudando y acompañando a las personas a alcanzar sus objetivos, en su proceso de crecimiento personal. Este blog es el organo oficial de expresión de la Escuela de Animación Bíblica y Comunicación "San Pablo".

Palabras de Agua y Luz

... aventura «microliteraria» de un monje

Terra Sancta Blog

... aventura «microliteraria» de un monje

Las Tres Sillas

... aventura «microliteraria» de un monje

Nuria Chinchilla: valores y ecología humana

... aventura «microliteraria» de un monje

blog de joseferjuan

educación, cultura digital, reflexiones

A %d blogueros les gusta esto: