A cuatro manos

A cuatro manos 2

Cinamon_tea:

Y si el hombre domina el hierro y lo doblega para adornar con zarcillos una reja ¿por qué no va a poder el árbol jugar a revolver sus ramas sobre sí mismas para enlazarse con el metal?

Buenos días.

Scrivivente:

Mi propio hermano me abrió los ojos mientras ambos estudiábamos nocturnos —él, Anatomía y yo, “griego aplicado”… a las mates—. Me contagió su propio asombro ante la belleza de las manos humanas: su perfecta estructura, su armoniosa sinfonía de articulaciones, nervios, falanges y gestos.

Yo creo que las manos son en nuestro cuerpo como las puntillas del pañito de una de las fotos pretéritas que hemos degustado. Quizá es una manía personal, pero veo las manos como el “acabado final” de nuestro cuerpo, las últimas pinceladas del Amor de Dios en el dibujo, las últimas notas que corrige el Compositor.

Sean delicadas o rugosas, cuidadas o “abandonadicas”, las manos son una obra de arte, no sólo por ellas mismas sino por lo que hacen. Las manos son humildes: siempre piden ayuda para mover el mundo. En esta danza de forja y lianas se adivinan las manos discretas que han trabajado. El orfebre de la fragua, el jardinero y el albañil han trabajado juntos sin saberlo. Y, por último, Cinamon_tea, tus manos artesanas, que han acariciado el clic de la máquina de fotos, cuando tus párpados veloces han hecho de bandera de inicio, como en las carreras.

La levísima brisa de tus pestañas, por cierto, se ha quedado a vivir entre las hojas de la enredadera. Las noto moverse yo mismo cuando parpadeo.

Las ramas son donantes de brisa para las volutas de forja. Y la reja ofrece a las ramas amparo y estabilidad. La foto es un canto a la armonía entre ramas y zarcillos de forja, entre las manos de Dios y las nuestras, entre Sus obras y las nuestras.

Me siguen encantando las manos humanas. Aún más y mejor desde que miro a tu ventana.

                                                         Cinamon Scriv firma

la sillita lápices

Decir Cinamon_tea es decir Ana Navarro, escritora y fotógrafa, ambas pasiones vividas con corazón de aprendiz y delicadeza profesional. En cuanto al arte fotográfico, Ana se presenta a sí misma como “rescatadora de instantes”. En lo referente a la literatura, a veces su pluma sigue la huella de las imágenes captadas por su cámara; otras veces su mirada encuentra imagen para palabras previas.

Conversación dentro de una fotografía es, para nosotros, una forma nueva de “conversar” y una forma nueva de “escribir”, fruto de un diálogo entre dos plumas y una cámara: Cinamon_tea y Scrivivente. Coescribir es un convivir de almas. Es hermoso.

 

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