Publicado en la literatura es noticia

Sttorybox y «100 Relatos en Corto» (la literatura es noticia)

sttory1… ya vive entre las páginas de nuestro blog «scrivivente» desde hace unas semanas. Pero hoy es doblemente noticia.

Por una parte es noticia por sí misma. Sttorybox es una iniciativa doblemente creativa. Lo es por su propio formato y lo es por acoger personas que se atreven a ser creativas en el arte de la literatura.

Esto dice de sí misma en su web: «Sttorybox es una comunidad literaria en la que autores y lectores interactúan desde el comienzo de cada historia. ¿Te imaginas conocer la opinión de tus fans desde las primeras líneas de tu relato? ¿O que sean ellos los que decidan qué historias continúan? Eso es exactamente lo que te proponemos en Sttorybox».

Javier Vargas 2

Y esto dice uno de los fundadores, Javier Vargas, entrevistado (haz click en la palabra anterior, y perdona por la obviedad) por la «bibliotecaria» Miriam en el blog:

«Sttorybox es una comunidad creada para amantes de la escritura. Así como Youtube se centra en los vídeos o Instagram en las imágenes, nosotros nos centramos en la palabra escrita en forma de historias. La idea de Sttorybox nació con el objetivo de ser la plataforma de referencia en el mundo de la escritura. Un punto de encuentro donde cualquier amante de la literatura se sintiera a gusto. Un lugar donde compartir tus historias, recibir consejos, animar a otros escritores, conocer a otros con gustos similares, y por supuesto, poder aprender de otros».

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Y ahora, más que mi opinión, te ofrezco mi propia experiencia como miembro de Sttorybox:

Uno de los riesgos que los expertos apuntan sobre la “vida” de los navegantes en la red es la despersonalización. Me refiero a las personas que buscan lo que podríamos llamar “anonimato” tras un nick.

Pues bien, Sttorybox me encanta por dos razones:

La primera vez que entras en una casa te saluda el interiorismo, es decir, el color de las paredes, los cuadros, etc… En Sttorybox la interfaz es amigable, fresca, familiar, luminosa. Es la primera razón.

La segunda razón tiene que ver con elinterior y con lo dicho hace un par de párrafos. En Sttorybox, tanto los escritores como los “bibliotecarios” -así llamo a los que gestionan la web- nos mostramos sin ese disfraz, aunque escribamos con un “nick” como seudónimo. Porque al escribir bebemos de lo que llevamos en el interior, como la tinta de la estilográfica. He aprendido en mi vida de monje a optar por la ingenuidad antes que por la desconfianza. Por eso,  en suma, creo que Sttorybox es un lugar de sinceridad literaria.

Otra forma de describir Sttorybox me la sugiere el “decálogo” de una plataforma cristiana en la que participo, iMisión: La Red no es sólo un instrumento, es un lugar habitado. Se trata de Evangelizar en Internet, no tanto de ‘usar’ Internet para evangelizar. Apliquémoslo a nuestra casa de escritores: Sttorybox no es un medio para escribir, publicar y conocer gente que escribe. Sttorybox es, más bien, un lugar habitado por amigos de las palabras, y muy amigable, por cierto.

Es una iniciativa genial porque nos permite aprender unos de otros y depender unos de otros. No en vano para continuar un relato empezado, cada escritor necesita al menos 3 “me gusta” de otros tantos usuarios.

También es un lugar donde se cuida el lenguaje, nuestro hermoso idioma español, tan “maltratado” por la prisa y la taquigrafía de granel.

Finalmente, y en un plano ya personal, en clave de evangelización Sttorybox me parece una hermosa “periferia” donde compartir literariamente la Alegría incansable del Evangelio, ya sea en forma explícita o envuelta en el relato de sus frutos humanos. Un lugar donde ofrecer con cariño aquello que constituye el corazón de todo lo que sale de mi pluma: la Persona del Señor Jesús.

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100 Relatos en CortoEn estos días -vamos con la segunda novedad- Sttorybox es noticia, además, por la conclusión de una de sus actividades especiales que buscan fomentar la escritura. Mientras está en marcha su “Taller de escritura”, se falló recientemente el Primer Certamen de Microrrelatos, “100 Relatos en Corto”. Cada relato no podía exceder los 1111 caracteres, o lo que es lo mismo, unas 200 palabras. Todo un reto de concreción. Cada relato es una especie de “tweet literario”.

De entre los más de 7000 “sttoryboxwriters” (número en crecimiento) concurrimos 687 relatos al Certamen, cuyo nombre titula también un libro que recoge los 95 relatos “semifinalistas”, los 4 “finalistas” y el ganador. Uno de los relatos breves -salido de nuestra pluma- que viven en este blog tiene la dicha de ser uno de los 100: “El Violín de Kolya y Piotr”.

El volumen está disponible sólo por internet. Haz click en el nombre del libro «100 Relatos en Corto»Los miembros de Sttorybox han hecho un gran esfuerzo en la edición.

¡Feliz lectura de lo que ha sido feliz escritura!

Gracias. Un abrazo fuerte.

Como solemos escribirnos unos a otros en los comentarios mutuos en Sttorybox… “¡nos leemos!

                                                                                               scrivivente firma trans grande

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Publicado en relato breve

La sillita de Enrique y Silvino (relato breve)

Relato breve inspirado en «La Silla Escoleta», acogida para su restauración por Patricia y Juan Vicente en su taller «Las Tres Sillas», en el barrio valenciano de Ruzafa. Al final del relato la conoceremos mejor. Patricia y Juan Vicente dan nueva vida a muebles usadosAquí sueñan, diseñan y trabajan: lastressillas.com

la sillita 4– ¿Qué hacemos con las sillitas que quedan en el almacén, “Don” Silvino?
– Antes de que vengan los de la ONG a llevárselas me gustaría “despedirme” de ellas, “Don” Ramiro -respondió el director de la Escuela, apoyando con una sonrisa enmarcada en sudor veraniego las comillas del “falso” protocolo entrambos maestros.
Todo el claustro de la Escuela era como una familia y se trataban unos a otros con el respeto de la cercanía. Y de eso cuidaba con esmero Silvino Enríquez, director del centro desde hacía pocos años.

la sillita lápicesLas 20 sillitas estaban primorosamente apiladas en un rincón, tapadas con un par de piezas de lona blanca. Al alzar la lona, Silvino tuvo un estremecimiento: esas sillas ya estaban en la Escuela cuando él llegó 35 años atrás de la mano de su mamá. Sentado en alguna de ellas vivió la emoción de su primera palabra escrita en la redonda caligrafía de los menudos literatos de pantalón corto y lapicero en ristre.
Sorbiendo las dos lágrimas de niño que se disponían a saltar hacia su poblada perilla prematuramente entrecana, sacó junto a Ramiro las cuatro primeras sillitas. Con las catorce siguientes fueron saliendo del almacén de su memoria otros tantos recuerdos. Pero fue al tomar por el respaldo la última sillita cuando sus dedos “leyeron” antes que su mirada:

– “SE”. ¿”SE”? -se preguntó por dentro.
– ¡”SE”! -su corazón le llenó ambas letras con un nombre: “¡Enrique… Enrique Silva!”
Mientras reescribía con su dedo las dos letras, abrió para Ramiro y para sí el libro de sus recuerdos:
– Enrique era un niño especial. Llegó del Paraguay, con su familia, en busca de un futuro menos precario, ¿lo recuerdas? No, perdona, tú eres mucho más joven. Enrique era un superdotado de la música. Aprendió solfeo antes, incluso, que a escribir palabras -completó el conmovido director.

la sillita lápicesSe hicieron grandes amigos. Les hacía gracia el peculiar juego que hacían sus nombres: “Enrique Silva Talavera” y “Silvino Enríquez Talavera”. Sus madres, tocayas de apellido, también se hicieron muy amigas. Los demás niños llegaron a acuñar para ellos con simpatía el nombre artístico de “los espejos Talavera”.
Por aquel entonces Silvino tenía dificultades con su timidez, y Enrique se volcó con él. Muchas veces, mientras los demás niños estaban en el recreo, los dos amigos se quedaban en el aula, con permiso de la maestra, y Enrique le enseñó a vencer la timidez cantando.
– También es “recreo” enriquecer juntos nuestra forma de ser -decía con frecuencia el pequeño paraguayo.
– Claro, por eso te llamas “Enrique” -reíamos juntos con la ocurrencia.
la sillita lápices– ¿Y qué significan estas letras, Silvino? -se interesó Ramiro.
– Un día, Enrique me dijo que quería dejarme un recuerdo de nuestra amistad, por si la vida nos separaba de alguna manera. Un recuerdo que fuera pequeño y denso a la vez, fácil de guardar y fácil de desplegar. Y a ambos se nos ocurrió a la vez la misma idea: escribir nuestras iniciales en el respaldo de la sillita.

la sillita lápices– “SE” -dijo él ya con el cortaplumas en la mano para tallar las letras, primero la de su amigo.
– No, mejor “ES” -corregí-. Así son las iniciales de la mejor palabra del mundo: “escuela”, la que nos ha unido.
– Cada uno esculpió la letra del otro -siguió narrando Silvino-. Pero cuando fue descubierta nuestra grafía, y tomada como travesura, Enrique asumió la autoría entera y el castigo correspondiente. Hasta que yo, venciendo para siempre mi timidez, acudí al despacho de la directora para decir la verdad. La belleza de aquella verdad tocó el corazón de doña Begoña -la llamábamos con cariño “Bedoña”- y la sillita sobrevivió allí a nuestra niñez. Pasados los años, Enrique dejó la escuela precipitadamente. Nunca supimos el rumbo que tomó su familia.

la sillita lápices

La sillita “ES” y sus 19 compañeras no volvieron al almacén, ni se fueron a la ONG que las iba a reciclar. Fueron reparadas con esmero, lijadas y repintadas las patas, y barnizada su madera. Y al mismo tiempo, y gracias a la penetración de internet, Silvino pudo localizar a la familia de Enrique. ¡Estaban en España!
Cuando los dos amigos se volvieron a encontrar, el abrazo llenó el vacío de las palabras entrecortadas por la emoción. Ya más tranquilos, Enrique les presentó a su esposa Clelia y a sus cuatro hijos. Estaban tomando la decisión de regresar definitivamente al Paraguay ante la falta de empleo estable. Salvo el goteo de unas pocas clases particulares de solfeo, piano y arpa, y trabajos sueltos de traducción para Clelia, las dificultades económicas se amontonaban. Clelia era traductora jurada de tres idiomas.
Providencialmente la Escuela estaba por ampliar oferta docente con clases de música y más idiomas. Ambos fueron contratados. Y los cuatro niños de Enrique y Clelia -los más pequeños, claro- se sentaban cada día en las sillitas “ES”. Pero nos hemos adelantado. Perdón por la premura:

la sillita lápicesAl día siguiente del reencuentro, las dos familias comieron juntas en la Escuela para celebrarlo. Tras bendecir la mesa, sin esperar más, llegó la hora del regalo de bienvenida. Silvino, Carmina y sus cinco hijos retiraron la blanca cobertura de lona limpia, que hacía de “papel de regalo” . El brillo del barniz nuevo de las sillitas competía con el de los ojos de los Silva, especialmente del padre.
Fue Clelia la que persuadió a su marido con una sonrisa a que se acercara a la sillita de la que tantas veces le había hablado él. Tras reescribir con el dedo y tinta de ternura las dos letras, se sentó en ella con cuidado, plegando como atleta del recuerdo sus largas piernas. Todos le imitaron.
Todas las sillitas tenían grabado en el respaldo, con la blancura de la madera esculpida, las letras “ES”:
– Tú querías poner primero mi inicial, pero me salí con la mía, Enrique -confesó su amigo con emoción. – ¿Cómo la has reconocido?
– ¡Me ha reconocido ella a mí! -reveló el nuevo maestro de música de la Escuela.

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Patricia Ruiz-Cortina y Juan Vicente Ruiz son el alma de «Las Tres Sillas», una sola alma en dos “componentes”. Aunque ambos están en las dos cosas, fundamentalmente ella imagina y él elabora. Ofrecen a sus clientes la posibilidad de “adoptar un mueble”, rescatarlo del olvido y gozar de él en una nueva etapa. Se trata, nos dicen en su web, de “objetos que esperan impacientes en nuestro taller a que alguien les brinde una segunda oportunidad”.

Uno de esos muebles que esperan adopción es la sillita inspiradora de este relato. Aquí te espera para darse a conocer. Haz click en su nombre: La Silla Escoleta

Publicado en buenas noticias de «hoy»

Aprendiendo y emprendiendo en Nigeria (buenas noticias de «hoy»)

Publicado en parábolas

Los 32 metrónomos sincronizados (parábola)

El Reino de los Cielos se parece a  …

32 metrónomos que aprenden a sincronizarse estando juntos
          Una curiosa “parábola” desde el mundo de la Física

La noticia en elclubdelasbuenasnoticias.blogspot.com

En primer lugar, la noticia …

 www.xatakaciencia.com – 03 de julio de 2013

(emitido en Buenas Noticias de Cetelmon Tv el sábado 6.07.13)
Un metrónomo es un aparato utilizado para indicar tiempo o compás de las composiciones musicales. La creación de este dispositivo nació de la necesidad de contar con un instrumento que pudiera definir con precisión la velocidad de ejecución de una pieza musical. Antes de su invención, era habitual que los compositores usaran como velocidad de referencia el pulso medio humano.
En el experimento, fueron colocados 32 metrónomos alineados sobre una superficie móvil. Y fueron puestos en marcha aleatoriamente. Poco a poco, la energía cinética de cada movimiento se fue transmitiendo de uno a otro metrónomo, con la necesaria mediación de la mesa móvil, hasta el punto de que acabaron sincronizándose, todos a una. De haber estado muy separados entre sí, cada uno habría seguido oscilando a su ritmo, sin variación. Lo que hemos descrito es un fenómeno puramente físico.
Ahora la parábola que contiene ..
Además de su interés como fenómeno físico, el experimento nos sugiere, por añadidura, una curiosa “parábola” de la comunión en la Iglesia, especialmente en esa porción de Iglesia que la hace visible, tangible y vivible para cada uno de nosotros: la pequeña comunidad cristiana.
A través de la convivencia entre los hermanos, ya sea “haciendo” cosas juntos o simplemente compartiendo las pequeñas cosas de la vida, el Espíritu nos va acompasando, va construyendo amor trinitario entre nosotros. En la vídeo-parábola los metrónomos van mostrando paulatinamente algo que semeja una danza irlandesa.
Y la mesa móvil es la comunidad, que se deja mover y conmover por sus hijos, que los “mece” en el amor de Dios, que recibe el movimiento de sus hijos metrónomos y, a la vez, los mueve cuando están parados, atascados en la vida espiritual.
La parábola está “resumida” en la sucesión de las tres fotos extraídas del vídeo: La cercanía en el amor fraterno nos va enseñando a vivir en armonía
Es llamativo el último metrónomo que se sumerge en la armonía. Hay un momento en que parece “darse cuenta” de que su compás es el mismo que los demás, pero completamente al revés, y rápidamente” vuelve a casa. Está en la parte derecha del conjunto.
Aquí la vídeo-parábola completa:

Lo puedes ver también en la página «parábolas», desplegando el menú «relatos cortos y otros escritos».

scrivivente firma trans